Lo que tienes que saber
- Hay universos de terror que nos invitan a escapar de sus monstruos y otros que nos obligan a preguntarnos por qué sentimos curiosidad por aquello que debería provocarnos rechazo, Hellraiser siempre ha pertenecido a esta segunda categoría, una franquicia que convirtió el dolor en una forma de placer, la carne en un lienzo para la pesadilla y la curiosidad humana en la puerta de entrada a un infierno del que nadie regresa siendo el mismo, por eso llevar la obra de Clive Barker al mundo de los videojuegos representaba un desafío enorme, porque no bastaba con colocar a Pinhead frente a una cámara y llenar los escenarios de sangre, había que conseguir que el jugador sintiera que estaba entrando en un lugar donde las reglas de la humanidad habían dejado de existir.
- Y esa incomodidad es fundamental, porque Hellraiser no es un terror que busque únicamente hacernos saltar del asiento, su intención es llevarnos a lugares donde preferiríamos no estar, mostrarnos imágenes que nos generan rechazo y obligarnos a continuar aunque una parte de nosotros quisiera apartar la mirada, sus escenarios, sus criaturas y la brutalidad de lo que sucede a nuestro alrededor construyen una atmósfera enfermiza, una sensación de que estamos invadiendo un lugar al que no pertenecemos y donde la lógica humana ya no sirve para comprender lo que estamos viendo, es una incomodidad que va más allá del susto repentino, porque consigue que incluso cuando tenemos el control del personaje no terminemos de sentirnos seguros.
- Lo interesante de Revival es que su universo no se siente como un simple escenario para repartir disparos, la violencia explícita, sus criaturas y su particular visión del sufrimiento forman parte de una identidad que difícilmente podría confundirse con la de Resident Evil o Silent Hill, porque aquí el miedo no siempre nace de la vulnerabilidad o de la incertidumbre, también surge de contemplar una forma de existencia que ha dejado atrás cualquier límite moral que podamos comprender, un mundo donde el cuerpo puede convertirse en una prisión y donde el deseo de conocer lo desconocido termina teniendo consecuencias irreversibles.
Hay universos de terror que nos invitan a escapar de sus monstruos y otros que nos obligan a preguntarnos por qué sentimos curiosidad por aquello que debería provocarnos rechazo, Hellraiser siempre ha pertenecido a esta segunda categoría, una franquicia que convirtió el dolor en una forma de placer, la carne en un lienzo para la pesadilla y la curiosidad humana en la puerta de entrada a un infierno del que nadie regresa siendo el mismo, por eso llevar la obra de Clive Barker al mundo de los videojuegos representaba un desafío enorme, porque no bastaba con colocar a Pinhead frente a una cámara y llenar los escenarios de sangre, había que conseguir que el jugador sintiera que estaba entrando en un lugar donde las reglas de la humanidad habían dejado de existir.
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Clive Barker’s Hellraiser: Revival entiende que el verdadero horror de esta franquicia no está solamente en sus criaturas, sino en la naturaleza de aquello que las atrae, en esa necesidad humana de descubrir qué existe detrás de lo prohibido, una curiosidad que nos coloca en la piel de Aidan, un hombre dispuesto a enfrentarse a una pesadilla sobrenatural para rescatar a su novia Sunny, utilizando el poder de la Configuración Génesis, una caja capaz de abrir caminos, resolver acertijos y convertirse también en un arma contra los horrores que habitan el Laberinto.

Una de las mayores virtudes de Revival está en su jugabilidad, porque el combate en primera persona funciona y consigue que cada enfrentamiento tenga un peso particular, las armas convencionales y las habilidades sobrenaturales de la caja ofrecen herramientas para sobrevivir, pero aquí no basta con disparar y avanzar como si estuviéramos recorriendo cualquier otro juego de acción, el entorno, los enemigos y la propia naturaleza de este universo hacen que cada paso se sienta distinto, la jugabilidad es buena, responde cuando debe hacerlo y consigue mantenernos involucrados, pero lo verdaderamente interesante es cómo utiliza sus mecánicas para hacernos sentir incómodos.
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Y esa incomodidad es fundamental, porque Hellraiser no es un terror que busque únicamente hacernos saltar del asiento, su intención es llevarnos a lugares donde preferiríamos no estar, mostrarnos imágenes que nos generan rechazo y obligarnos a continuar aunque una parte de nosotros quisiera apartar la mirada, sus escenarios, sus criaturas y la brutalidad de lo que sucede a nuestro alrededor construyen una atmósfera enfermiza, una sensación de que estamos invadiendo un lugar al que no pertenecemos y donde la lógica humana ya no sirve para comprender lo que estamos viendo, es una incomodidad que va más allá del susto repentino, porque consigue que incluso cuando tenemos el control del personaje no terminemos de sentirnos seguros.
Y, por supuesto, está Pinhead, una de las figuras más reconocibles del terror, un personaje cuya presencia siempre ha resultado inquietante porque no necesita comportarse como un monstruo convencional, su frialdad, su manera de hablar y esa convicción de que el sufrimiento puede alcanzar una dimensión casi espiritual lo convierten en algo mucho más perturbador que una criatura que simplemente persigue a sus víctimas, su presencia representa la esencia de Hellraiser, una visión del horror donde el dolor, el deseo y la obsesión se mezclan hasta borrar la frontera entre el placer y el castigo.

Lo interesante de Revival es que su universo no se siente como un simple escenario para repartir disparos, la violencia explícita, sus criaturas y su particular visión del sufrimiento forman parte de una identidad que difícilmente podría confundirse con la de Resident Evil o Silent Hill, porque aquí el miedo no siempre nace de la vulnerabilidad o de la incertidumbre, también surge de contemplar una forma de existencia que ha dejado atrás cualquier límite moral que podamos comprender, un mundo donde el cuerpo puede convertirse en una prisión y donde el deseo de conocer lo desconocido termina teniendo consecuencias irreversibles.
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Quizá esa sea la razón por la que Hellraiser funciona tan bien como videojuego, porque su universo siempre ha estado construido alrededor de una invitación, una caja que promete respuestas, una puerta que parece imposible de ignorar y la tentación de descubrir qué hay del otro lado, pero en Hellraiser la curiosidad nunca es gratuita y abrir la puerta es apenas el principio del castigo.
Al final, Revival nos recuerda que el terror puede ser mucho más que sobrevivir a una criatura que nos persigue por un pasillo, también puede consistir en entrar voluntariamente en un mundo que no comprendemos, descubrir que nuestros propios deseos pueden conducirnos hasta él y entender demasiado tarde que algunas puertas jamás deberían abrirse, porque hay misterios que no están esperando ser resueltos, sino que esperan a que alguien cometa el error de buscarlos.
Y cuando escuchamos el sonido de una caja abriéndose, quizá la verdadera pregunta no sea qué encontraremos del otro lado, sino si estamos preparados para descubrir que el infierno también puede comenzar con nuestra propia curiosidad.
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