Lo que tienes que saber

  • Pensar que ocurre lejos sería ingenuo, pues, el ataque del 1 de octubre en una secundaria de Torreón, donde dos exalumnos asesinaron a la subdirectora e hirieron a cuatro personas, puso la palabra incel en el debate mexicano.
  • ¿Quién les enseñó a perder, a no ser elegidos, a llorar sin sentirse menos hombres o a atravesar el rechazo sin convertirlo en humillación.
  • Tal vez empezó antes, cuando un niño sintió que no era suficientemente fuerte, atractivo o deseado y encontró una comunidad que, en vez de ayudarlo a atravesar la herida, le entregó un culpable.

Hay lenguajes que parecen inofensivos hasta que uno aprende a traducirlos. Una píldora roja, otra azul, “Chad”, “alfa”, la palabra incel. Yo misma habría pasado frente a ellos sin entender nada, hasta que empecé a indagar y descubrí que no eran solo memes. Son parte de una conversación a la que los adultos llegamos tarde, donde algunos jóvenes hablan de soledad, rechazo, mujeres y de lo que, según ellos, significa ser hombre.

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Seguí leyendo porque algo me hacía mucho ruido… ¿Cómo se pasa de un video de gimnasio a comunidades donde el rechazo termina explicado como culpa del feminismo? La red pill tomó de The Matrix la idea de “despertar” y la convirtió en una supuesta revelación sobre mujeres y relaciones. Ofcom, el regulador británico, entrevistó a hombres de la llamada manósfera y encontró que algunos llegaron por humor, ejercicio, relaciones o superación personal. Entraron buscando cómo ser mejores hombres y encontraron a alguien dispuesto a convencerlos de que parte de aquello que les dolía tenía nombre de mujer.

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Aquello que parecía vivir en rincones oscuros de internet, ya salió de la pantalla. Adolescence, la serie británica sobre un niño de 13 años acusado de asesinar a una compañera, llevó la misoginia digital hasta Downing Street y el gobierno respaldó su exhibición gratuita en secundarias. La jerga de internet llegó a la conversación educativa y política.

Pensar que ocurre lejos sería ingenuo, pues, el ataque del 1 de octubre en una secundaria de Torreón, donde dos exalumnos asesinaron a la subdirectora e hirieron a cuatro personas, puso la palabra incel en el debate mexicano. Un meme o un código no explican por sí solos la violencia, pero cuando ese lenguaje aparece alrededor de hechos reales, ignorarlo es llegar tarde.

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Como mujer podría quedarme en lo que esto significa para nosotras, pero mi pensamiento me llevó a algo más incómodo. Durante años enseñamos a las niñas a poner límites, reconocer violencia y saber que un “no” es no. Era indispensable. ¿Pero quién se sentó con los niños a enseñarles qué hacer con ese “no”? ¿Quién les enseñó a perder, a no ser elegidos, a llorar sin sentirse menos hombres o a atravesar el rechazo sin convertirlo en humillación?

Quizá el odio no comienza cuando un joven escribe que odia a las mujeres. Tal vez empezó antes, cuando un niño sintió que no era suficientemente fuerte, atractivo o deseado y encontró una comunidad que, en vez de ayudarlo a atravesar la herida, le entregó un culpable.

La violencia también tiene aulas y algunas hoy caben en la palma de una mano o detrás de cualquier pantalla. Porque la masculinidad también se aprende y se educa, la pregunta es… ¿quién está llegando primero al corazón de nuestros niños para enseñarles qué significa ser hombre?

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