Lo que tienes que saber

  • Con Halloween a la vuelta de la esquina, es inevitable que nuestra atención regrese a esos videojuegos que han encontrado en lo oscuro, lo macabro y lo sobrenatural una forma de cautivarnos, pero no todo el terror necesita pasillos abandonados, monstruos aterradores o una atmósfera que nos haga temer por nuestra vida, a veces basta con un pequeño cordero, una comunidad de seguidores y una deidad misteriosa que nos pide algo a cambio de nuestros servicios, así comienza Cult of the Lamb, una de esas propuestas que parecen una broma visual hasta que descubrimos que detrás de sus personajes adorables se esconde una de las combinaciones más adictivas y peculiares de los videojuegos independientes.
  • El contraste entre su apariencia adorable y la oscuridad de sus acciones es precisamente lo que convierte a Cult of the Lamb en una experiencia tan especial, porque podemos pasar de acariciar a un seguidor a realizar un ritual siniestro, de organizar nuestra pequeña comunidad a enfrentarnos con criaturas grotescas, todo con una naturalidad que transforma lo macabro en parte de su encanto, sus personajes tienen una identidad visual inconfundible y ese estilo caricaturesco consigue que incluso los momentos más perturbadores resulten extrañamente divertidos.
  • La jugabilidad también es fundamental para entender su éxito, las expediciones nos llevan a combatir enemigos, esquivar ataques, encontrar armas y descubrir nuevas recompensas, mientras que la gestión del culto nos obliga a regresar constantemente para mejorar nuestras instalaciones, recolectar materiales y mantener contentos a nuestros seguidores, son dos sistemas que se complementan de maravilla, porque siempre existe una razón para salir de aventura y otra para volver a casa, y cuando creemos que ya terminamos nuestras tareas aparece una nueva mejora, otro ritual o un seguidor que necesita nuestra atención, convirtiendo el clásico una partida más, en varias horas frente a la pantalla.

Con Halloween a la vuelta de la esquina, es inevitable que nuestra atención regrese a esos videojuegos que han encontrado en lo oscuro, lo macabro y lo sobrenatural una forma de cautivarnos, pero no todo el terror necesita pasillos abandonados, monstruos aterradores o una atmósfera que nos haga temer por nuestra vida, a veces basta con un pequeño cordero, una comunidad de seguidores y una deidad misteriosa que nos pide algo a cambio de nuestros servicios, así comienza Cult of the Lamb, una de esas propuestas que parecen una broma visual hasta que descubrimos que detrás de sus personajes adorables se esconde una de las combinaciones más adictivas y peculiares de los videojuegos independientes.

La premisa es tan extraña como irresistible, controlamos a un cordero sacrificado que recibe una segunda oportunidad gracias a una entidad conocida como Aquel que Espera, a cambio de nuestra resurrección debemos fundar un culto, reunir seguidores y eliminar a los falsos profetas que dominan estas tierras, lo que comienza como una aventura de apariencia inocente pronto se convierte en una mezcla de acción, administración y rituales oscuros, donde debemos salir a explorar mazmorras, combatir criaturas, conseguir recursos y regresar a casa para mantener nuestra comunidad en funcionamiento.

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Pero una de las grandes virtudes de Cult of the Lamb está en sus personajes, porque resulta difícil no encariñarse con esas pequeñas criaturas que llegan a nuestro culto con sus propias características, necesidades y comportamientos, cada nuevo seguidor representa una oportunidad para hacer crecer nuestra comunidad, pero también una responsabilidad, debemos alimentarlos, construirles un lugar donde vivir, atender sus necesidades y procurar que la fe no desaparezca, aunque en ocasiones esa misma fe pueda mantenerse mediante decisiones que difícilmente tomaríamos en cualquier otro videojuego.

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El contraste entre su apariencia adorable y la oscuridad de sus acciones es precisamente lo que convierte a Cult of the Lamb en una experiencia tan especial, porque podemos pasar de acariciar a un seguidor a realizar un ritual siniestro, de organizar nuestra pequeña comunidad a enfrentarnos con criaturas grotescas, todo con una naturalidad que transforma lo macabro en parte de su encanto, sus personajes tienen una identidad visual inconfundible y ese estilo caricaturesco consigue que incluso los momentos más perturbadores resulten extrañamente divertidos.

La jugabilidad también es fundamental para entender su éxito, las expediciones nos llevan a combatir enemigos, esquivar ataques, encontrar armas y descubrir nuevas recompensas, mientras que la gestión del culto nos obliga a regresar constantemente para mejorar nuestras instalaciones, recolectar materiales y mantener contentos a nuestros seguidores, son dos sistemas que se complementan de maravilla, porque siempre existe una razón para salir de aventura y otra para volver a casa, y cuando creemos que ya terminamos nuestras tareas aparece una nueva mejora, otro ritual o un seguidor que necesita nuestra atención, convirtiendo el clásico una partida más, en varias horas frente a la pantalla.

Y entonces aparece la música, uno de esos elementos que terminan definiendo la personalidad de un videojuego sin que necesariamente nos demos cuenta desde el primer momento, su banda sonora combina sonidos electrónicos, ritmos hipnóticos y melodías que parecen sacadas de una ceremonia extraña, creando una identidad sonora que acompaña perfectamente tanto la exploración como los rituales de nuestra comunidad, hay algo especialmente efectivo en escuchar esas composiciones mientras nuestro pequeño cordero dirige una secta, porque la música no solamente acompaña la acción, también refuerza esa sensación de estar participando en algo prohibido, extraño y, por alguna razón, tremendamente divertido.

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Cult of the Lamb demuestra que el terror y lo macabro no tienen que tomarse siempre con absoluta solemnidad, que una estética adorable puede convivir con temas oscuros y que un videojuego puede hacernos sonreír mientras nos pone en la posición de tomar decisiones moralmente cuestionables, es una aventura que sabe combinar sus sistemas, construir personajes memorables y acompañar todo con una banda sonora pegajosa que permanece en nuestra cabeza mucho después de abandonar el culto.

Porque en Cult of the Lamb puedes comenzar buscando seguidores, terminar adorando a una entidad desconocida y descubrir, después de muchas horas, que lo más aterrador no era el culto que estabas construyendo, sino lo mucho que estabas disfrutando dirigirlo.

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