Lo que tienes que saber
- O sea, esa persona no solo te gustaba, también te ayudaba a sentirte en calma, acompañado, validado.
- Esta es la razón real por la que no empiezas algo (y no, no es flojera).
- Y confundirlo te puede regresar directo a la misma historia que ya te sabías de memoria.
Vamos a hablar claro y con café en mano: cuando dices “la extraño” o “lo extraño”, muchas veces no estás teniendo una revelación romántica tipo película…estás teniendo un mini síndrome de abstinencia emocional. Así, tal cual. Tu cerebro está como: “oye, ¿y mi dosis diaria de atención, cariño y mensajes de ‘ya comiste’?”.
Y no es que estés exagerando. Desde la psicología, autores como John Bowlby (1988) explicaban que las relaciones funcionan como sistemas de regulación emocional. O sea, esa persona no solo te gustaba, también te ayudaba a sentirte en calma, acompañado, validado. Era como tu “app” favorita para estabilizarte…y de repente, ¡pum!, desinstalada sin previo aviso.
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Entonces claro, tu cuerpo entra en modo: “reinstalar urgente”. Y ahí empiezan las ideas peligrosas: “igual ya cambió”, “no era tan grave”, “también tuve la culpa” (este clásico nunca falla). Y mientras tanto, convenientemente, tu memoria hace un edit nivel Netflix donde solo deja lo bonito y borra las peleas, el estrés y las veces que dijiste “ya no puedo con esto”.
Pero aquí viene el plot twist: sentir muchas ganas de volver no es prueba de que debas volver. Es prueba de que estás incómodo. Y como buen ser humano, quieres dejar de sentirte así lo más rápido posible.
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Volver es como tomarte un analgésico emocional: te calma rápido, te da ese shot de dopamina, te hace sentir “en casa”…pero no necesariamente soluciona el problema de fondo. Y luego pasa lo que ya sabes: dos semanas después estás otra vez pensando “¿por qué estoy aquí de nuevo si ya sabía cómo iba a ser esto?”.
Y ojo, no se trata de hacerte el fuerte ni de negar que extrañas. Claro que extrañas. Extrañas la compañía, la rutina, los memes compartidos, hasta los “buenos días” automáticos. Pero extrañar no siempre significa que esa persona era buena para ti. A veces solo significa que te acostumbraste.
Por eso, antes de escribir ese mensaje sospechoso de “hola, ¿cómo estás?” (que todos sabemos que no es solo cortesía), vale la pena hacer una pausa y preguntarte con brutal honestidad: ¿quiero a esta persona o solo quiero dejar de sentir este vacío incómodo que traigo?
Porque no es lo mismo. Y confundirlo te puede regresar directo a la misma historia que ya te sabías de memoria.
Crecer emocionalmente (y aquí viene la parte poco glamourosa) a veces se ve como aguantarte las ganas, no escribir, distraerte, sentir feo y, aún así no regresar. Es elegir incomodidad a corto plazo para no repetir caos a largo plazo. Sí, suena fatal, pero funciona.
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Ahora, si después de todo esto decides volver…adelante, eres libre, es tu telenovela de las 6:00 p.m. Pero mínimo ya sabes que no era “el destino llamando”… era tu sistema emocional pidiendo su dosis.
Y pues nada, nomás no digas que aquí tu psicólogo de confianza no te explicó el chisme psicológico completo.
Por: Psic. Miguel Negrete Gil (Ced. Prof. 15742528)
IG/FB: @psic.miguelnegrete
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