Lo que tienes que saber

  • Desde la psicología, esta experiencia puede entenderse a través del concepto de incertidumbre intolerable, ampliamente estudiado en los trastornos de ansiedad, definido por Dugas y Ladouceur (2000) como la dificultad para tolerar situaciones donde no hay control ni certeza sobre lo que va a pasar.
  • Porque “hay que seguir intentando”, porque “ya va a salir algo”, porque sienten que si lo hablan sus sentimientos son minimizados,  porque “no es para tanto”…pero sí lo es.
  • Tal vez no se trata de eliminar esa ansiedad (porque en un contexto incierto, es natural que aparezca), sino de aprender a mirarla con un poco más de comprensión.

“¿Y tú qué estás haciendo ahorita?”

La pregunta parece inofensiva. Cotidiana. Casi automática. Pero para quien lleva semanas (o meses) buscando trabajo sin éxito, puede sentirse como un pequeño golpe. No por la pregunta en sí, sino por todo lo que arrastra detrás.

Buscar trabajo no solo implica enviar currículums o asistir a entrevistas. Implica esperar. Y en esa espera, muchas veces, aparece algo más silencioso pero constante: la ansiedad.

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No es solo preocupación. Es una mezcla de incertidumbre, presión interna y, en muchos casos, una sensación incómoda de estar “quedándose atrás”. Porque mientras uno espera una respuesta, el mundo parece avanzar: otras personas consiguen oportunidades, construyen estabilidad, siguen adelante. Y uno se queda en pausa…o al menos así se siente.

Desde la psicología, esta experiencia puede entenderse a través del concepto de incertidumbre intolerable, ampliamente estudiado en los trastornos de ansiedad, definido por Dugas y Ladouceur (2000) como la dificultad para tolerar situaciones donde no hay control ni certeza sobre lo que va a pasar. Y pocas cosas son tan inciertas como no saber si (o cuándo) llegará una oportunidad laboral.

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Esa incertidumbre no solo genera ansiedad, también activa pensamientos repetitivos: “¿y si no soy suficiente?”, “¿y si ya es demasiado tarde?”, “¿qué estoy haciendo mal?”. Poco a poco, la búsqueda de empleo deja de ser solo un proceso externo y se convierte en un cuestionamiento interno.

Y ahí es donde empieza a doler más.

Porque no encontrar trabajo no solo impacta en lo económico. También toca la identidad, la autoestima y el sentido de utilidad. En una sociedad donde el valor personal suele medirse en productividad, no tener empleo puede sentirse como no tener lugar. Como si uno tuviera que justificarse constantemente.

Pero hay algo importante que rara vez se dice: el proceso de búsqueda también desgasta. Emocionalmente. Mentalmente. No recibir respuestas, enfrentarse al rechazo o simplemente al silencio, puede generar frustración, cansancio y una sensación de invisibilidad difícil de explicar.

Y, aun así, muchas personas atraviesan esto en silencio. Porque “hay que seguir intentando”, porque “ya va a salir algo”, porque sienten que si lo hablan sus sentimientos son minimizados,  porque “no es para tanto”…pero sí lo es. Es válido que genere angustia. Es válido que canse. Que frustre.

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Tal vez no se trata de eliminar esa ansiedad (porque en un contexto incierto, es natural que aparezca), sino de aprender a mirarla con un poco más de comprensión. Entender que no todo depende de uno. Que hay factores externos, tiempos distintos, contextos complejos y, sobre todo, que el valor personal no debería estar condicionado a una respuesta de correo o una llamada.

Buscar trabajo es un proceso. A veces largo. A veces (muchas) frustrante. Pero no define quién eres.

IG/FB: @psic.miguelnegrete

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