Lo que tienes que saber

  • Reducirlo a una idea, a un error o a una etiqueta, y desde ahí justificar el ataque.
  • Desde la psicología, este fenómeno ha sido descrito por Suler (2004) como el Efecto de Desinhibición Online, un concepto que explica cómo las personas tienden a decir y hacer cosas en internet que difícilmente harían en interacción cara a cara.
  • Nos acostumbramos a reaccionar en lugar de reflexionar, a asumir en lugar de preguntar, a responder en lugar de comprender.

Violencia en redes sociales: lo que decimos cuando nadie nos está viendo

“Qué ridículo.”
“Gente como tú debería quedarse callada.”
“Por eso nadie te toma en serio.”
“Seguro ni sabes de lo que hablas.”

No, no es una discusión cara a cara. Es un fragmento cualquiera de comentarios en redes sociales. Un espacio donde, con demasiada frecuencia, la crítica se convierte en ataque, la diferencia en desprecio y el desacuerdo en violencia.

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Hace poco, mientras revisaba una publicación bastante inofensiva (de esas que uno pensaría que pasarían desapercibidas), me encontré con algo que ya no sorprende, pero sí inquieta: decenas de comentarios cargados de agresividad hacia una persona que simplemente había opinado distinto. Nada extraordinario…y justo ahí está el problema.

La violencia en redes sociales no siempre es evidente. No necesita insultos abiertos para existir. A veces se disfraza de sarcasmo, de “humor”, de opiniones “sin filtro” o de una supuesta “honestidad brutal”. Pero en el fondo, comparte un mismo núcleo: deshumanizar al otro. Reducirlo a una idea, a un error o a una etiqueta, y desde ahí justificar el ataque.

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Desde la psicología, este fenómeno ha sido descrito por Suler (2004) como el Efecto de Desinhibición Online, un concepto que explica cómo las personas tienden a decir y hacer cosas en internet que difícilmente harían en interacción cara a cara. La distancia física, el anonimato relativo y la ausencia de consecuencias inmediatas disminuyen la empatía y aumentan la impulsividad. En otras palabras: no es que internet nos cambie, es que facilita que ciertas partes de nosotros aparezcan sin filtro.

A esto se suma otro elemento: la validación social inmediata. En redes, la agresividad suele ser rentable. Un comentario sarcástico o humillante puede generar más interacción que uno reflexivo. Más “me gusta”, más respuestas, más visibilidad. Y así, poco a poco, la violencia no solo se normaliza… se refuerza. Se convierte en una forma eficaz de pertenecer, de destacar, incluso de sentirse validado.

Pero hay algo más profundo. Cuando interactuamos en redes, no solo respondemos a lo que vemos, sino a lo que interpretamos. Y muchas veces interpretamos desde sesgos, emociones no reguladas o necesidades personales no resueltas. Lo que parece un ataque “al otro” a veces es también una descarga propia: frustración, enojo, inseguridad. El problema es que ese desahogo tiene un destinatario real.

El impacto, aunque se minimice, es significativo. La exposición constante a este tipo de interacción puede generar ansiedad, inseguridad e incluso retraimiento. No todas las personas tienen los mismos recursos para procesar la crítica o el rechazo, y lo que para alguien es “solo un comentario”, para otro puede ser una experiencia profundamente desestabilizadora.

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Y sin embargo, lo seguimos haciendo. O lo toleramos. O lo justificamos. Porque en el ecosistema digital, la línea entre opinar, criticar y agredir se ha vuelto cada vez más difusa. Nos acostumbramos a reaccionar en lugar de reflexionar, a asumir en lugar de preguntar, a responder en lugar de comprender.

No se trata de eliminar el conflicto ni de volver las redes un espacio artificialmente amable. El desacuerdo es necesario. Pero hay una diferencia clara (y cada vez más ignorada) entre cuestionar ideas y atacar personas. Y cuando esa diferencia se pierde, lo que queda no es diálogo, es ruido…y, muchas veces, daño.

Tal vez el verdadero problema no es que la gente sea más violenta en internet. Tal vez es que las redes nos ofrecen el escenario perfecto para serlo sin consecuencias claras… y eso nos resulta más cómodo de lo que nos gustaría admitir.

Porque al final, no es que “así sean las redes”. Las redes son así porque nosotros también.

IG/FB: @psic.miguelnegrete

Un comentario en «Violencia en redes sociales: lo que decimos cuando nadie nos está viendo»

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