Yazmín Salazar

Lo que tienes que saber

  • Mientras que muchos festejan el resultado como una victoria a favor de la biodiversidad, la conservación y la defensa de la tierra, otros lamentan la pérdida de una inversión destinada a la energía renovable.
  • Sin embargo, las observaciones técnicas y la solicitud de información adicional por parte de la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental (DGIRA) frenaron a la empresa Desarrollo Fotovoltaicos de México del Centro, la cual desistió de la evaluación, lo que resultó en archivar definitivamente el estudio.
  • Diferentes organizaciones y habitantes del estado han manifestado su rechazo señalando su preocupación por la conservación de los magueyales, el peligro que corren las actividades agrícolas tradicionales, la recarga de acuíferos y la preservación de la vida comunitaria ligada a la tierra.

La reciente decisión de archivar el proyecto del parque solar, que pretendía desarrollarse en Singuilucan, Hidalgo, ha generado opiniones contrastantes. Mientras que muchos festejan el resultado como una victoria a favor de la biodiversidad, la conservación y la defensa de la tierra, otros lamentan la pérdida de una inversión destinada a la energía renovable. Sin embargo, este debate nos lleva más allá de tomar partido por un bando o el otro; se trata de un problema sumamente complejo.

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Recordemos que el proyecto contemplaba el desarrollo del parque en aproximadamente 196 hectáreas de terrenos agrícolas, donde se cultivan principalmente magueyes. La idea era generar 118 megawatts de electricidad durante 25 años. Sin embargo, las observaciones técnicas y la solicitud de información adicional por parte de la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental (DGIRA) frenaron a la empresa Desarrollo Fotovoltaicos de México del Centro, la cual desistió de la evaluación, lo que resultó en archivar definitivamente el estudio.

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El reto de la transición energética sustentable

Esta situación demuestra la tensión entre los intereses particulares y las comunidades que defienden sus tierras y la biodiversidad. Esta escena resulta ya cotidiana, cada vez es más común verla frecuentemente en el país y el mundo: la acelerada necesidad de transicionar a la energía sustentable para hacer frente al cambio climático. Sin embargo, pocas veces se observa un interés genuino para que este proceso sea socialmente justo y ambientalmente responsable.

La energía solar representa una de las alternativas más importante para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y reducir la dependencia de combustibles fósiles. Por su ubicación geográfica, Hidalgo posee un enorme potencial para convertirse en una referencia nacional en la generación de energía renovable. Hasta aquí, el impulsar proyectos fotovoltaicos parece una decisión lógica y necesaria.

El tejido social: una de las claves de la sustentabilidad

Sin embargo, la sustentabilidad no depende solamente de la tecnología que se utilice. También es preciso analizar dónde se pretenden instalar los proyectos, qué ecosistemas serán intervenidos, cómo se utilizan los recursos naturales y, sobre todo, qué tan informadas y participativas están las comunidades involucradas.

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Diferentes organizaciones y habitantes del estado han manifestado su rechazo señalando su preocupación por la conservación de los magueyales, el peligro que corren las actividades agrícolas tradicionales, la recarga de acuíferos y la preservación de la vida comunitaria ligada a la tierra. Las demandas son legítimas: hace falta planeación, información, transparencia y participación. 

El diálogo social no se puede sustituir

Una de las grandes lecciones que nos deja este conflicto es que los estudios técnicos para la realización de estos megaproyectos, por más rigurosos que sean y por más sustento técnico que manejen, sin duda no sustituyen el diálogo social. Las proyecciones de estas iniciativas deben considerar no sólo los trámites y las autorizaciones administrativas, sino buscar comunicación clara y oportuna con la población que habita el territorio.

Debemos reconocer los valiosos conocimientos que las comunidades poseen sobre sus tierras. Ignorar sus inquietudes y calificarlas como “desinformación”, sólo profundiza la desconfianza hacia las instituciones y las empresas.

Hacia una sustentabilidad tridimensional

Es fundamental recordar que el desarrollo sustentable se compone de tres dimensiones interdependientes: la ambiental, la económica y la social. Si en cualquier proyecto falta uno de estos pilares, simplemente no puede ser considerado sustentable. Es crucial transitar hacia energías, más limpias para adaptarnos al contexto del cambio climático; sin embargo, tenemos que hacerlo de manera inteligente, equitativa y con profundo respeto a la tierra y sus habitantes.

Un comentario en «Lecciones del proyecto parque fotovoltaico de Singuilucan»

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