Lo que tienes que saber

  • Sin embargo, llama la atención que esto suceda justo cuando están por cumplirse dos años de su administración, y justo, también, cuando faltan semanas para que decida si busca la reelección en la alcaldía, o bien, intenta obtener la candidatura de una diputación local.
  • Mientras, surge la especulación si las graves acusaciones de su hermano se generaron porque no le cumplió con lo que le prometió, o bien, hay un presunto financiador detrás de él para desgastar la imagen política del hoy alcalde.
  • “tanto peca el que mata la vaca, como el que le agarra la pata”, y es el propio Edgar quien reconoce haber participado en la recolección del dinero de los millonarios inversionistas, en campaña, para ayudar a su hermano.

Los señalamientos que hizo, en los últimos días, Edgar Medécigo Rubio en contra de su hermano, el alcalde de Mineral de la Reforma, Eduardo de los mismos apellidos, son más que graves, delicados.

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Pero quedarán ahí, en las redes sociales, en escándalo público, porque hasta donde se sabe, no hay denuncias penales, o civiles, que lo comprueben.

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En palabras de Edgar, su hermano Eduardo recibió mucho dinero en campaña, millones -no precisa cantidades-, de parte de empresarios, para que pudieran recibir obra pública durante su periodo de gobierno.

Dinero al que se le podría calificar como “soborno”, si se comprueba que hubo un trato en lo obscurito para darles preferencia en las licitaciones, o bien, directamente se les asignaran los trabajos.

Trato que, dijo el hermano del alcalde, no se cumplió y ocasionó la molestia de los millonarios inversionistas -no se sabe sus nombres-, quienes solicitaron la devolución de su dinero, y hasta con intereses.

Asunto en el que el mismo Edgar Medécigo reconoció haber participado como intermediario, con la aprobación de su hermano, el hoy presidente municipal.

Un conflicto familiar que involucró, en palabras, al Gobierno de Mineral de la Reforma, y que hoy ya es un escándalo público.

Dinero que terminó regresándose a los empresarios, supuestamente, pero que evidenció la rancia forma de hacer negocios al amparo del poder, como lo hacían los viejos neoliberales, que tanto critican.

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Al acusar a su hermano -en lo que puede considerarse una venganza familiar-, Edgar Medécigo Rubio exhibió el viejo vicio de corrupción que no únicamente prevalece en la administración pública de nivel municipal, sino también estatal y hasta federal, desde siempre.

Mañas de las que echan mano políticos sin principios, ni honestidad, que buscan los puestos para enriquecerse y enriquecer a su familia.

Y si bien, hasta el momento no se han comprobado los señalamientos públicos que hizo Edgar en contra de su hermano Eduardo, siguen quedando como duda hasta que el presidente municipal demuestre lo contrario.

Cosa que no va a pasar, seguramente, porque se enfrascaría en un tema donde tiene mucho que perder, y nada qué ganar.

Y respecto al hermano incómodo, pues desde el principio demostró que no tiene nada que perder.

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Sin embargo, llama la atención que esto suceda justo cuando están por cumplirse dos años de su administración, y justo, también, cuando faltan semanas para que decida si busca la reelección en la alcaldía, o bien, intenta obtener la candidatura de una diputación local.

Problema familiar que, quiérase o no, repercutirá en su futuro político, en la decisión que tome.

Mientras, surge la especulación si las graves acusaciones de su hermano se generaron porque no le cumplió con lo que le prometió, o bien, hay un presunto financiador detrás de él para desgastar la imagen política del hoy alcalde.

Porque, dice el dicho, y dice bien: “tanto peca el que mata la vaca, como el que le agarra la pata”, y es el propio Edgar quien reconoce haber participado en la recolección del dinero de los millonarios inversionistas, en campaña, para ayudar a su hermano.

Entonces, de ser reales los señalamientos -como parece ser-, ambos están involucrados en un asunto de supuesta corrupción, y no sólo uno, como se pretende hacer saber.

Pero esto sólo lo saben ellos, y mientras el alcalde no hable, la única verdad seguirá siendo la de su hermano incómodo.

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