Foto: Ángel Teissier

Lo que tienes que saber

  • En Real del Monte, donde la minería no solo forma parte del paisaje sino también de la memoria de sus habitantes, hay recetas que sobreviven al paso del tiempo y que, como las historias familiares, se transmiten de generación en generación.
  • Una de ellas es la de Enchiladas El Portezuelo, un negocio familiar que nació en 1965 y que hoy, más de seis décadas después, continúa bajo el cuidado de la tercera generación de la familia Islas López.
  • Oswaldo recuerda que tenía apenas seis o siete años y que su madre comenzaba a trabajar desde las seis de la mañana, una hora antes de que los mineros ingresaran a sus labores.

En Real del Monte, donde la minería no solo forma parte del paisaje sino también de la memoria de sus habitantes, hay recetas que sobreviven al paso del tiempo y que, como las historias familiares, se transmiten de generación en generación; una de ellas es la de Enchiladas El Portezuelo, un negocio familiar que nació en 1965 y que hoy, más de seis décadas después, continúa bajo el cuidado de la tercera generación de la familia Islas López.

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Oswaldo Islas López es quien actualmente está al frente del establecimiento. Su historia con el negocio comenzó desde niño, cuando sus abuelos, Leonardo López y Marina Sarabia, atendían a los trabajadores de las minas junto con sus hijas.

Foto: Ángel Teissier

En aquellos años, el negocio únicamente abría los lunes, cuando las minas estaban en su apogeo. Oswaldo recuerda que tenía apenas seis o siete años y que su madre comenzaba a trabajar desde las seis de la mañana, una hora antes de que los mineros ingresaran a sus labores.

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En apenas una hora podían atender a 100 mineros o más.

El menú era sencillo, pero contundente: enchiladas mineras y mole de panza. Era la comida de quienes trabajaban en las minas y necesitaban comenzar la jornada con un plato que les permitiera enfrentar las largas horas de trabajo.

Hay enchiladas El Portezuelo sábado, domingo y lunes

Con el paso de los años, la actividad minera cambió y también lo hizo el negocio. Oswaldo decidió retomarlo de manera más constante hace aproximadamente 18 años, cuando comenzó a abrir los domingos. Ocho años después incorporó los sábados.

Foto: Carlos Sevilla

La pandemia representó uno de los momentos más complicados. La actividad disminuyó y llegó a pensar en dejar de abrir los sábados. Sin embargo, fueron los propios clientes quienes le pidieron continuar.

Así, Enchiladas El Portezuelo volvió a recuperar su ritmo y actualmente abre sábados, domingos y lunes, de 8:00 de la mañana a 2:30 de la tarde.

La esencia, sin embargo, permanece.

Las enchiladas mineras y el mole de panza son los protagonistas, aunque el establecimiento se transformó también en un espacio para las familias. A la oferta original se sumaron huevos al gusto, quesadillas, nata, pastes caseros y diferentes bebidas, con la intención de que tanto adultos como niños encuentren algo para disfrutar.

Foto: Ángel Teissier

La receta de las enchiladas es uno de los mayores tesoros de la familia

Oswaldo explica que pasó de su abuela a su madre y sus tías, y posteriormente a su suegra y a su esposa. Con los años ha tenido modificaciones y mejoras, pero existe una regla que se mantiene: las cantidades no se calculan al tanteo, sino mediante una receta y un pesaje preciso.

Las enchiladas originales llevaban cebolla, cilantro, rábano, queso y pollo. Después fueron los propios clientes quienes comenzaron a incorporar crema, huevo duro y aguacate.

Foto: Ángel Teissier

Para los niños existe una versión especial que no pica y que se prepara con caldo de pollo, de manera que puedan disfrutar el platillo sin necesidad de consumir el chile.

El mole de panza también conserva un lugar especial dentro de la casa. Hay una presentación grande de 110 pesos, una chica de 90 y una pequeña de 40 pesos para quienes quieren probarlo.

Oswaldo cuenta que incluso hay visitantes que llegan asegurando que no les gusta el mole y terminan pidiendo una porción más grande después de probarlo.

Un sabor de exportación

La fama de los platillos ha trascendido Real del Monte. A Enchiladas El Portezuelo han llegado visitantes de la Ciudad de México, Estado de México, Guanajuato, Guadalajara y otros puntos del país. El mole incluso ha viajado hasta Estados Unidos, mientras que las enchiladas han llegado a otros lugares fuera de Hidalgo, incluido un reclusorio de la Ciudad de México.

Foto: Ángel Teissier

Los pastes caseros también forman parte de esta historia familiar. Son elaborados por su hermano y su cuñado y, además de los tradicionales de papa y frijol, han incorporado nuevos sabores para atender diferentes gustos, especialmente entre los niños.

En las jornadas de trabajo participan integrantes de la familia, pero también estudiantes que encuentran ahí una oportunidad laboral como meseros. Los lunes colaboran incluso algunas madres solteras que tienen otras actividades.

La mayoría son personas de Real del Monte y comunidades cercanas como Pueblo Nuevo y Santa Rosalía, aunque también hay trabajadores provenientes de Pachuca.

Para Oswaldo, mantener abierto el negocio significa mucho más

Es mantener viva una tradición que comenzó en 1965, cuando las enchiladas y el mole alimentaban a los trabajadores de las minas. Hoy ya no están aquellos mineros que llegaban por cientos en las primeras horas del lunes, pero permanecen la receta, la familia y una clientela que regresa.

Enchiladas El Portezuelo se encuentra en la calle Juan M Kampfner, en el barrio del Hiloche, en Real del Monte.

Para reservaciones o pedidos: 771 340 9368 y 777 170 1547.

4 comentarios en «Enchiladas El Portezuelo: una tradición minera que se niega a desaparecer»

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