Lo que tienes que saber

  • Las obras literarias son luces que juegan un papel especial, pues en cada texto la trama constituye la columna vertebral, y conforme toma forma, nos sumerge en la esencia de la redacción que nos atrapa en torbellino de letras, signos y nos marca un ritmo a seguir, y aunque nuestra mirada fija sobre cada línea escrita quisiera correr para alcanzar el culmen y desenlace, entendemos que poco a poco conocemos la consumación de la historia.
  • Existen libros que nos atrapan verdaderamente desde edad temprana, y eso es bueno, así se enriquece nuestro acervo, tal como sucede con un libro, en realidad conformado por 12 o 16 volúmenes, según la editorial que lo publique, completo o condensado en un tomo, Las Mil y Una Noches.
  • Cada vez que mis ojos recorrieron las líneas de “Las mil y una noches”, imaginé el olor de calles y mercados cargados de especias, cada página fue matizada con colores de telas y brillos orientales, imaginé la lámpara del genio que cumplió deseos a Aladino, supe el destino de Alí Babá y de los Cuarenta Ladrones, memoricé nombres extraños como Margiana y Brudulbudura.

Durante siglos, para conocer historias verídicas o imaginarias, había que acudir a mercados, plazas públicas, prestar atención al desarrollo de la vida cotidiana, escuchar, acercarse a bibliotecas, leer libros, publicaciones y periódicos, en todos había información y algo más… matices inesperados, tradiciones, leyendas, lugares lejanos, culturas diversas, emociones humanas, encuentros y desencuentros, personajes reales o fantásticos. En la época actual solo hay que acceder a internet, redes sociales y scrollear, es decir, deslizar nuestros dedos en la pantalla.

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Las obras literarias son luces que juegan un papel especial, pues en cada texto la trama constituye la columna vertebral, y conforme toma forma, nos sumerge en la esencia de la redacción que nos atrapa en torbellino de letras, signos y nos marca un ritmo a seguir, y aunque nuestra mirada fija sobre cada línea escrita quisiera correr para alcanzar el culmen y desenlace, entendemos que poco a poco conocemos la consumación de la historia.

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Existen libros que nos atrapan verdaderamente desde edad temprana, y eso es bueno, así se enriquece nuestro acervo, tal como sucede con un libro, en realidad conformado por 12 o 16 volúmenes, según la editorial que lo publique, completo o condensado en un tomo, Las Mil y Una Noches.

Obra que resulta ser retablo fantástico, compendio de fábulas, romances, intrigas y relatos, relaciones complicadas, sensualidad, misticismo, antiquísimas tradiciones, tierras misteriosas, líos amorosos, trágicos hechos, leyendas serias y cómicas, poesía, nombres exóticos, ambientes cargados de erotismo oriental, mismo que se suaviza en las versiones literarias para menores de edad. El responsable de compilar el libro, fue el cuentista y traductor árabe Abu abd-Allah Muhammed el-Gahshigar, quien vivió en el siglo IX.

Cada vez que mis ojos recorrieron las líneas de “Las mil y una noches”, imaginé el olor de calles y mercados cargados de especias, cada página fue matizada con colores de telas y brillos orientales, imaginé la lámpara del genio que cumplió deseos a Aladino, supe el destino de Alí Babá y de los Cuarenta Ladrones, memoricé nombres extraños como Margiana y Brudulbudura. Las Mil y Una Noches, oportunidad de conocer culturas distintas y distantes, comprender que cuentos e historias, han sido un medio para describir el imaginario colectivo y las más arraigadas costumbres y tradiciones de los que habitamos el orbe.

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