Lo que tienes que saber

  • Por un lado, el precio de las casas y los terrenos ha aumentado de manera constante en los últimos años, incluso terrenos que no se encuentran regularizados como con los terrenos ejidales, donde en muchas ocasiones no cuentan con los servicios básicos también tienen precios no tan accesibles para muchos jóvenes.
  • El crecimiento de las ciudades, el encarecimiento de los materiales de construcción, la demanda de vivienda y la inflación han impulsado los precios a niveles que superan la capacidad económica de muchos trabajadores jóvenes.
  • Si las nuevas generaciones pierden la oportunidad de acceder a un hogar propio, el país enfrentará un problema que va mucho más allá del mercado inmobiliario, estará limitando las posibilidades de desarrollo de millones de jóvenes que buscan, simplemente, un lugar al que puedan llamar hogar.

Durante muchos años, comprar una casa era considerado uno de los primeros grandes objetivos de la vida adulta. Conseguir un empleo estable, formar una familia y adquirir una vivienda parecía un camino natural. Sin embargo, esa realidad ha cambiado. Para miles de jóvenes mexicanos, tener una casa propia ya no es una meta cercana, sino un proyecto que parece alejarse con el paso del tiempo.

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Precios elevados

La crisis de vivienda no puede explicarse por una sola causa. Por un lado, el precio de las casas y los terrenos ha aumentado de manera constante en los últimos años, incluso terrenos que no se encuentran regularizados como con los terrenos ejidales, donde en muchas ocasiones no cuentan con los servicios básicos también tienen precios no tan accesibles para muchos jóvenes. El crecimiento de las ciudades, el encarecimiento de los materiales de construcción, la demanda de vivienda y la inflación han impulsado los precios a niveles que superan la capacidad económica de muchos trabajadores jóvenes.

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Salario bajo

Al mismo tiempo, los salarios no han crecido al mismo ritmo. Aunque existen avances en materia salarial, para una gran parte de la población el ingreso sigue siendo insuficiente para cubrir los gastos cotidianos y, además, ahorrar para el enganche de una vivienda o asumir una mensualidad hipotecaria durante veinte o treinta años resulta ser cada día más complicado.

Financiamiento

Otro obstáculo importante es el acceso al financiamiento. Muchos jóvenes trabajan de manera independiente, por contratos temporales o en la economía informal. Aunque generan ingresos, con frecuencia no cumplen los requisitos que solicitan las instituciones financieras para otorgar un crédito hipotecario. El resultado es una generación que trabaja, produce y paga renta, pero que encuentra cada vez más difícil construir un patrimonio propio.

Salario mínimo vs costo de vivienda

En 1950, conseguir una casa en México era más accesible en relación con el salario mínimo que rondaba los 3.39 pesos diarios o cerca de 100 pesos al mes, frente a un costo de vivienda popular de entre 1,000 y 2,000 pesos. Con el salario de la época, a un trabajador le tomaba aproximadamente entre 2 y 3 años de sueldo mínimo destinar los recursos para liquidar una casa sencilla. Si las nuevas generaciones pierden la oportunidad de acceder a un hogar propio, el país enfrentará un problema que va mucho más allá del mercado inmobiliario, estará limitando las posibilidades de desarrollo de millones de jóvenes que buscan, simplemente, un lugar al que puedan llamar hogar.

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