Lo que tienes que saber

  • Septiembre tiene una forma peculiar de devolvernos a la historia… durante unos días México se llena de banderas, repetimos nombres que aprendimos desde la primaria y volvemos a contar la independencia de un país que creemos conocer.
  • UNICEF documentó este año que el 53% de las adolescentes mexicanas de 15 a 17 años ha experimentado alguna forma de violencia sexual a lo largo de su vida y que la violencia sigue interfiriendo incluso con el derecho a estudiar.
  • Que nos encuentren en los derechos que ya no tuvieron que pelear, en los espacios que pudieron ocupar sin pedir permiso y, sobre todo, en la libertad de elegir la vida que quisieron vivir.

Septiembre tiene una forma peculiar de devolvernos a la historia… durante unos días México se llena de banderas, repetimos nombres que aprendimos desde la primaria y volvemos a contar la independencia de un país que creemos conocer.

Pero este año, después del Grito, me quedó una pregunta distinta, ¿cuántas mujeres siguen faltando en la historia que nos enseñaron?

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Se la hice a Isabel Revuelta Poo durante la Feria Universitaria del Libro (FUL), mientras conversábamos sobre Hijas de la historia 2, su más reciente libro. “Muchísimas”, respondió. La historiadora reúne en este volumen a ocho mujeres que atravesaron más de trece siglos de nuestra historia, desde la Reina Roja de Palenque hasta Leonora Carrington. No las coloca ahí para completar una cuota femenina, las devuelve al lugar que han ocupado desde siempre en la construcción de México.

Pero hubo una ausencia que Bel reconoció como una deuda personal, las sufragistas. Mujeres que lucharon por un derecho que hoy ejercemos con una naturalidad capaz de hacernos olvidar cuánto costó conquistarlo. En México la ciudadanía plena de las mujeres fue reconocida constitucionalmente en 1953 y no fue sino hasta el 3 de julio de 1955 cuando pudieron votar por primera vez en una elección federal. Apenas han pasado 71 años, y de pronto parece como si la memoria se nos empañara, no es una historia remota, aún cabe en la vida de nuestras abuelas.

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Ahí encontré la parte más educativa de nuestra conversación. Aprender historia no debería servir únicamente para recordar quién hizo qué y en qué año, sino para comprender que muchas de las libertades que hoy parecen ordinarias fueron primero el proyecto imposible de alguien. Estudiar, votar, ocupar espacios públicos, dirigir instituciones o elegir una vida propia no siempre estuvieron al alcance de nosotras como mujeres.

Revuelta me habló de los espacios conquistados, pero inmediatamente lanzó una pregunta mucho más incómoda, con qué equidad. Y los datos nos obligan a detenernos. UNICEF documentó este año que el 53% de las adolescentes mexicanas de 15 a 17 años ha experimentado alguna forma de violencia sexual a lo largo de su vida y que la violencia sigue interfiriendo incluso con el derecho a estudiar. Ganar espacios importa, pero poder habitarlos con libertad y seguridad importa todavía más.

Al final le pregunté qué dirían las mujeres sobre las que escribe si pudieran mirar el México de hoy. “Estarían maravilladas”, respondió, por todo lo conquistado, aunque también sentirían tristeza por aquello que todavía falta.

Quizá ahí está la lección que septiembre debería dejarnos después de guardar las banderas. La historia no solo sirve para honrar a quienes estuvieron antes, también nos obliga a preguntarnos qué estamos dejando para quienes vienen después.

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Porque si algún día nosotras también seremos las mujeres que estuvieron antes, ojalá que cuando las niñas del futuro miren hacia atrás, no tengan que buscarnos entre las ausencias de la historia. Que nos encuentren en los derechos que ya no tuvieron que pelear, en los espacios que pudieron ocupar sin pedir permiso y, sobre todo, en la libertad de elegir la vida que quisieron vivir.

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