Lo que tienes que saber

  • La actividad no pretendía reducirla a la experiencia de caminar con los ojos cubiertos, sino evidenciar que muchas de las limitaciones no están únicamente en la condición de una persona, sino también en una infraestructura urbana que todavía tiene mucho por resolver.
  • Javier Orduña lo explicó al señalar que el objetivo principal es “visibilizar las barreras que enfrentamos las personas con discapacidad en las calles de Tulancingo”, además de generar una experiencia que permita reflexionar sobre las condiciones de la ciudad.
  • “Involucrar a los docentes, que tienen un papel fundamental en la formación de nuevas generaciones capaces de reconocer, es una vía para lograr empatía e inclusión a las personas con discapacidad”.

Hay barreras que no siempre se ven, pero que están ahí, en cada banqueta irregular, en los cruces peatonales sin condiciones seguras, en los obstáculos que invaden las aceras y en una sociedad que, muchas veces sin proponérselo, termina por excluir a quienes viven con alguna discapacidad.

En Tulancingo, hacer visibles esas realidades es la tarea que asumieron Evelin Ríos Estefes y Javier Orduña Ortega, integrantes de la iniciativa social Recorriendo realidades, quienes, desde la independencia y a contracorriente, buscan abrir camino hacia una ciudad más accesible e incluyente.

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Su trabajo parte de una idea sencilla, pero poderosa: para comprender las dificultades que enfrenta una persona con discapacidad visual no basta con escuchar sobre ellas, también es necesario experimentar las barreras que existen en el entorno cotidiano; caminar por una calle, cruzar una avenida o desplazarse por una plaza pueden parecer actividades ordinarias para muchos; sin embargo, para quienes tienen poca o nula visibilidad, esas acciones pueden convertirse en ejercicios de incertidumbre y riesgo.

Con esa intención, el pasado viernes, en el marco del Día Internacional del Bastón Blanco, conmemorado cada 15 de octubre, organizaron un recorrido a ciegas en coordinación con integrantes del Sector 19 de Supervisión de Primarias; doce participantes, entre supervisores y docentes, tuvieron que cubrirse los ojos, utilizar un bastón blanco y enfrentarse a un trayecto por La Floresta, incluido el cruce de la calle F. Soto, para experimentar, aunque fuera por unos momentos, las dificultades que viven diariamente las personas con discapacidad visual.

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La actividad no pretendía reducirla a la experiencia de caminar con los ojos cubiertos, sino evidenciar que muchas de las limitaciones no están únicamente en la condición de una persona, sino también en una infraestructura urbana que todavía tiene mucho por resolver.

Javier Orduña lo explicó al señalar que el objetivo principal es “visibilizar las barreras que enfrentamos las personas con discapacidad en las calles de Tulancingo”, además de generar una experiencia que permita reflexionar sobre las condiciones de la ciudad.

“Involucrar a los docentes, que tienen un papel fundamental en la formación de nuevas generaciones capaces de reconocer, es una vía para lograr empatía e inclusión a las personas con discapacidad”.

Para Evelin, la lucha por la inclusión también ha significado enfrentar sus propios temores, desde la vergüenza hasta la crítica por verse diferente. Ella compartió que por mucho tiempo postergó el uso de bastón, una herramienta que hoy representa autonomía y libertad.

“Un buen día decidí tomar mi bastón y salir sola a la calle. Fue increíble experimentar la sensación de ser independiente a pesar de mi discapacidad visual; poder tomar mis propias decisiones y no depender de nadie para salir cuando yo quisiera. Y desde ese momento, ¡nunca más lo volví a soltar!”

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La tarea de Recorriendo realidades tampoco se limita a las calles. En septiembre pasado, la iniciativa impulsó un recorrido turístico por distintos puntos de Tulancingo, con la participación de 40 personas con discapacidad visual: 38 provenientes de otros estados y dos habitantes del municipio. Visitantes de Jalisco, Puebla y Ciudad de México se sumaron a una jornada que buscó demostrar que el turismo también debe estar al alcance de todas las personas.

La experiencia incluyó espacios gastronómicos como Uadá del Tiempo a la Cocina, La Fiaca y El Colonial, además del Parque Acuático Santa Ana y la Hacienda San Nicolás el Chico. Se trató de una oportunidad para descubrir la oferta local desde una perspectiva que pocas veces se considera cuando se planean actividades turísticas: la de quienes también quieren conocer, disfrutar y recorrer los destinos, pero encuentran obstáculos que otros visitantes quizá ni siquiera advierten.

“Tulancingo tiene mucho que ofrecer a nivel gastronómico y en cuestiones de lugares. Nos hemos dado cuenta de que los espacios turísticos son muy interesantes y bonitos, entonces hay que trabajar en esto, en el tema de turismo inclusivo, porque no está normalizado el que las personas con discapacidad también estamos paseando o turisteando”.

Quizá caminar con los ojos cubiertos durante unos minutos no permita comprender por completo lo que significa vivir con discapacidad visual, pero puede ser la puerta a una sociedad más empática, que se solidarice y se involucre en su entorno, una en la que todos seamos parte.

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