Lo que tienes que saber
- Entre las grietas de la fundidora La Encarnación y los derruidos muros vencidos por la humedad y el transcurso de los años, la hierba y el pasto confieren una tonalidad verde y un aspecto de inmueble añejo, como reliquia, que alguna vez fue punto de referencia en la región.
- Años después de concluida la guerra de Independencia, llegó a Zimapán un inglés de nombre Jonh Mahn y estableció una fábrica de fundición y laminado de fierro en La Encarnación, en 1844, de acuerdo con la Monografía del estado de Hidalgo, impresa por el entonces gobernador Adolfo Lugo Verduzco en 1993.
- El documento editado en la década de los ochenta señala que la fundidora La Encarnación dejó de funcionar hace más de 50 años, probablemente en 1930, por lo que permanecen “los hornos, invadidos por la maleza y la lama de la humedad de la sierra”, señala el documento.
Los restos de la antigua fundidora La Encarnación, en Zimapán, tienen la forma de la Torre Eiffel, cuenta Adán Olvera Zúñiga, de 68 años de edad y originario del pueblo. En su tienda de abarrotes Karla, así se llama su nieta, vende vino de manzana y pan casero de pulque. También hay un museo y un restaurante para las visitas.
Con gusto deja su negocio y acepta dar un recorrido por la fundidora. “De aquí se llevaron los lingotes de hierro para fundirlos de nueva cuenta en Francia y piezas ensambladas para los cimientos de la Torre Eiffel”, explica.
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Entre las grietas de la fundidora La Encarnación y los derruidos muros vencidos por la humedad y el transcurso de los años, la hierba y el pasto confieren una tonalidad verde y un aspecto de inmueble añejo, como reliquia, que alguna vez fue punto de referencia en la región. En la parte superior del arco, perdura esculpido en piedra el año 1891. Se encierra la oscuridad en caso de que no haya luz.
Para impedir que se abra, varias barras de metal abrazan la estructura del horno construida con miles de piedras y en la parte superior se puede observar su interior apenas iluminado.
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“Abajo había una compuerta donde salía el líquido y acá estaban los moldes para los rieles, herrería como barandales y protecciones de ventanas. Mucha gente traía leña, otros atizaban, acarreaban el metal del cerro para fundirlo”, dice Adán Olvera, quien señala que sus bisabuelos trabajaron en la fundidora.
Años después de concluida la guerra de Independencia, llegó a Zimapán un inglés de nombre Jonh Mahn y estableció una fábrica de fundición y laminado de fierro en La Encarnación, en 1844, de acuerdo con la Monografía del estado de Hidalgo, impresa por el entonces gobernador Adolfo Lugo Verduzco en 1993.
Con el paso del tiempo, agrega el documento, las ferrerías de La Encarnación y Guadalupe fueron las más productivas de la región, cuyos dueños mandaron construir el puente de Tasquillo.
Tal infraestructura se apoya en cuatro pilares de cal y canto y todo lo demás es de fierro vaciado en los talleres de la fundidora, con la inscripción Encarnación 1883.
En La Encarnación era explotada la cerucita, un mineral compuesto por carbonato de plomo, por lo regular blanco o incoloro, aunque puede presentar tonalidades grises, amarillas o verdosas, de formas cristalinas y por su dispersión de luz se utiliza en joyería.
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La fundidora contaba como materia prima el cerro de Cangandhó, masa compacta de fierro magnético de un rendimiento del 70 por ciento, de acuerdo con el documento Zimapán: una ventana en el tiempo, revista monográfica editada por el periodista Anselmo Estrada Alburquerque, en 1985.
El documento editado en la década de los ochenta señala que la fundidora La Encarnación dejó de funcionar hace más de 50 años, probablemente en 1930, por lo que permanecen “los hornos, invadidos por la maleza y la lama de la humedad de la sierra”, señala el documento.
El porfiriato fue la época de oro de la fundidora, con más de 700 trabajadores y uno de sus propietarios fue Richard Honey, compadre de Porfirio Díaz, a quien le regaló una silla tipo presidencial donde se sentaba cuando visitaba el pueblo, explica el delegado Ernesto Morales.
“Existe un mito, si alguien está postulado a un cargo de elección popular y se sienta aquí, nunca va a ganar los comicios”, dice.
Piedra imán
Cerca de La Encarnación, en las faldas del cerro de Cangandhó, rodeada de extensos montes y pronunciados senderos, se encuentra la piedra imán a una altura de más de 2 mil metros sobre el nivel del mar.
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Inicialmente los pobladores pensaron que esta piedra eran los restos de un meteorito pétreo, pero en realidad es un afloramiento de magnetita masiva de forma irregular, de color negro metálico, señala el estudio La piedra imán del cerro de Cangandhó, publicado por la Universidad Autónoma de Hidalgo (UAEH) en 2007, cuyos autores son Otilio Arturo Acevedo Sandoval y Luis Enrique Ortiz Hernández.
Con tal de mostrar el paisaje y la extraña piedra, el delegado de La Encarnación organiza expediciones para los turistas.
Osos, duendes…
“Tuve la oportunidad de verlo. En la calle, un olor fuerte, muy feo, cuando en la piedra imán vieron al oso. Nunca atacó. Huía, pero se metía en los corrales para sacar chivos y puercos. Se avisó a Pachuca y en la primera noche cayó en la jaula. Después lo dejaron ir. En otra ocasión yo llevaba zacate. No los vi, pero escuchaba sus travesuras, les daban de latigazos a los caballos. Se notaba desde lejos. Mi padrastro sabía que eran los duendes”, narra Ludim Celaya entre los objetos que reúne su museo y ofrece licor de manzana a los visitantes.
En tanto, en su tienda de abarrotes, Adán Olvera agrega: “Hace años los duendes se llevaron a un señor que trabajaba en una fragua. Sus familiares lo encontraron en la parte más remota de un cerro y cuando le preguntaron respondió que solo le daban galletas y agua. Así sobrevivió”.
Al salir del pueblo, los habitantes de La Encarnación quedan confundidos entre la realidad y lo ficticio de las historias, disipados por la neblina.
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