Francisco Zavala

Lo que tienes que saber

  • Se han disputado ya 97 partidos en el torneo, y por su parte, México y Canadá ya concluyeron su participación en este mundial, tanto en el plano deportivo como en su papel como anfitriones, pues en ambos casos, ya no restan partidos por jugar en sus estadios.
  • Mucho se puede comentar sobre esta justa, desde el digno papel de México en el terreno de juego, como el de la fiesta que acompañó a cada partido que se jugó en esta tierra, con Monterrey y Guadalajara que enamoraron nuevamente al mundo.
  • A falta de que se disputen los encuentros más atractivos y a pesar de lo espectacular de la infraestructura norteamericana, no cabe duda que al final del verano persistirá la idea de que quien llenó de sabor al Mundial fue nuestra gente.

Se han disputado ya 97 partidos en el torneo, y por su parte, México y Canadá ya concluyeron su participación en este mundial, tanto en el plano deportivo como en su papel como anfitriones, pues en ambos casos, ya no restan partidos por jugar en sus estadios.

El torneo que tiene un total de 104 juegos (el más grande de la historia), está en plena madurez, aunque comienza a sentirse la nostalgia del final de la justa. Restan sólo 7 encuentros, los de mayor calidad.

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Las miradas tristes por la eliminación continúan presentes en la barra, pero el buen fútbol que estamos por presenciar en esta fase llena por momentos de alegría el alma y reconfortan a aquellos que amamos este deporte.

Mucho se puede comentar sobre esta justa, desde el digno papel de México en el terreno de juego, como el de la fiesta que acompañó a cada partido que se jugó en esta tierra, con Monterrey y Guadalajara que enamoraron nuevamente al mundo.

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Estadios espectaculares y ciudades enteras que se desbordaron de entusiasmo y hospitalidad. Siempre hemos sido un pueblo “querendón” que apapacha como pocos a sus visitantes. “Mi casa es tu casa”.

A falta de que se disputen los encuentros más atractivos y a pesar de lo espectacular de la infraestructura norteamericana, no cabe duda que al final del verano persistirá la idea de que quien llenó de sabor al Mundial fue nuestra gente.

“Que bonito pudo ser”, muchos nos llenamos de esperanza y exclamamos “Y sí, sí” desde lo más profundo del pecho. Esta vez la ilusión fue correspondida con entrega y pasión en la cancha, jóvenes que se agrandaron como lo hubiera hecho un Blanco, Márquez, “Matador” o Campos.

Por muchos días, volvimos a ser uno solo, esa será la herencia más grande, y el más grato de los recuerdos que a la distancia quedarán del 2026. Pudimos superar los altos costos de las entradas al estadio y además desbordamos las “fan zones”.

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El Zócalo, Reforma, la Macro Plaza,La Minerva y por supuesto nuestro Reloj Monumental en Pachuca, atestiguaron la unión de un pueblo, que olvido diferencias que a veces parecen insalvables, para llenar de color y algarabía nuestros espacios Públicos.

Por eso, a pesar de que “no se pudo”, me quedo con lo bonito que es brincar y bailar con el de al lado sin siquiera conocerlo, cantar y hacer la viborita juntos, “Quiere volar, quiere volar”; familias enteras celebrando.

No sin dejar de lamentar las tragedias que se presentaron durante los festejos, cierro estas líneas con un reconocimiento a Javier Aguirre y sus muchachos, recordando al maestro César Luis Menotti, quien alguna vez dijo: “el fútbol se juega con los pies, pero se piensa primero con la cabeza. Ahora, para bajar de la cabeza a los pies, debe pasar siempre por el corazón”.

Un comentario en «La nostalgia del final de la copa»

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