Lo que tienes que saber

  • La peste no es una enfermedad desaparecida, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, la peste está presente en todos los continentes, excepto en Oceanía (OMS, 2017).
  • Justamente la forma neumónica es la más peligrosa, ya que se transmite de persona a persona a través de aerosoles respiratorios y gotas de saliva y puede avanzar rápidamente si no es tratada a tiempo.
  • Tal como lo hemos abordado en diferentes ocasiones en esta columna, es importante resaltar el hecho de que la aparición o sospecha de alguna enfermedad como la que hoy tratamos no quiere decir que pueda convertirse necesariamente en una pandemia.

El pasado 2 de octubre, una mujer falleció en Irkutsk, Siberia, luego de presentar un cuadro severo de neumonía. La mujer trabaja en el Instituto de Investigación contra la Peste de dicha ciudad, lo cual fue suficiente para que la noticia se dispersara rápidamente junto con el temor: ¿podría tratarse de peste?

La respuesta hasta el momento no está confirmada. Sin embargo, las autoridades rusas han informado que la causa de la muerte fue neumonía de etiología desconocida y que las muestras analizadas no identificaron microorganismos relacionados con su trabajo en el instituto. Cabe resaltar que, inmediatamente después se activaron medidas de vigilancia para las personas que tuvieron contacto con ella y que son alrededor de 200 personas. De acuerdo con los reportes oficiales, no se ha confirmado ningún caso de peste dentro el grupo monitoreado.

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¿Qué es la peste y por qué nos genera tanta incertidumbre?

La peste no es una enfermedad desaparecida, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, la peste está presente en todos los continentes, excepto en Oceanía (OMS, 2017).

El agente causante es la bacteria Yersinia pestis, un cocobacilo Gram negativo y anaerobio facultativo que se alberga en las pulgas de pequeños mamíferos parasitados. En los humanos puede generar distintas formas de la enfermedad: bubónica, septicémica y neumónica.

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Justamente la forma neumónica es la más peligrosa, ya que se transmite de persona a persona a través de aerosoles respiratorios y gotas de saliva y puede avanzar rápidamente si no es tratada a tiempo.

Información para evitar el miedo

Tal como lo hemos abordado en diferentes ocasiones en esta columna, es importante resaltar el hecho de que la aparición o sospecha de alguna enfermedad como la que hoy tratamos no quiere decir que pueda convertirse necesariamente en una pandemia.

Es comprensible este miedo luego de lo vivido con el COVID-19. Sin embargo, no hay que olvidar que, gracias a los avances actuales en medicina, biotecnología y salud pública, ahora contamos con herramientas que nos brindan seguridad: diagnósticos precisos, una diversa gama de antibióticos, capacidad para aislar los casos bajo sospecha y vigilancia epidemiológica constante.

En este caso, la pregunta que nos surge luego de lo ocurrido en Irkutsk no tiene que ver con el regreso de una enfermedad medieval, sino con evaluar: ¿qué tan preparados estamos para responder y actuar ante la posibilidad de exposición de diferentes microorganismos peligrosos para los humanos?

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La confianza en la bioseguridad

Los laboratorios que trabajan con microorganismos capaces de provocar enfermedades graves como la peste, requieren protocolos estrictos, capacitación y actualización para su personal, así como vigilancia y mecanismos de respuesta inmediata ante cualquier emergencia.

Es importante resaltar que un rumor o información difundida en redes sociales sobre algún evento no significa necesariamente que sea real. Al respecto, no existe confirmación alguna de que la mujer haya contraído peste ni que haya ocurrido un accidente en el laboratorio relacionado con dicho agente.

Nuestra vida con los microorganismos

No olvidemos que la ciencia no elimina los microorganismos de la faz de la Tierra; sin embargo, nos ayuda a conocerlos, identificarlos, medirlos y diseñar estrategias para reaccionar ante ellos en caso de ser necesario.

También es importante recordar que muchos microorganismos nos generan patologías, muchos otros viven en simbiosis con nosotros y nos benefician de diversas formas. Comprender la ambivalencia de nuestra coevolución con ellos nos permite evitar el pánico y aprender a vivir con precaución e información.

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Referencias:

Un comentario en «Peste neumónica: entre la alarma y la evidencia»

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