Lo que tienes que saber

  • Las notas de la canción “Cien Años” interpretada por Pedro Infante comenzaron a salir de esa pequeña caja de madera musical, conocida como organillo, con cada giro de la manivela la melodía podía escucharse en los portales de Plaza Juárez en el centro de la ciudad de Pachuca, en mi mente tarareaba “Pasaste a mi lado con gran indiferencia”, así que no me resistí a salir de mi oficina a escuchar en primera fila tan bella interpretación.
  • Pronto el “Cielito lindo” y la “Adelita” fueron las melodías que recorrieron las plazas públicas y se extendieron a los centros históricos de otros estados de la república, la mayoría se acompañaba de un pequeño mono domesticado que atraía la atención de los transeúntes y estiraba la mano para pedir dinero, Con las leyes de protección animal, se prohibió el uso de monos reales, por esa razón los organilleros optaron por sentar en sus cajas musicales monitos de peluche para mantener la tradición.
  • En el caso del centro histórico de Pachuca, la banda sonora se conforma de las melodías de los organilleros, del tic tac de los semáforos que indican el paso peatonal y que también ayudan a las personas con discapacidad visual a identificar que pueden cruzar una calle de forma segura, si caminamos un poco más al centro, llegamos a Plaza Independencia donde el sonido principal nos lo dan las campanadas del Reloj Monumental y si ponemos atención podemos escuchar los murmullos de las personas que transitan por el lugar.

Las notas de la canción “Cien Años” interpretada por Pedro Infante comenzaron a salir de esa pequeña caja de madera musical, conocida como organillo, con cada giro de la manivela la melodía podía escucharse en los portales de Plaza Juárez en el centro de la ciudad de Pachuca, en mi mente tarareaba “Pasaste a mi lado con gran indiferencia”, así que no me resistí a salir de mi oficina a escuchar en primera fila tan bella interpretación.

Con su característico uniforme color beige el organillero también conocido como cilindrero, me miró con asombro y al mismo tiempo me sonrió, las personas que caminaban por los portales lo hacían como dice la canción; con gran indiferencia, yo era la única que disfrutaba de ese dulce sonido, al contemplar esta escena no pude dejar de pensar en que algunas ocasiones la vida va tan de prisa que dejamos de escuchar los sonidos que son parte de nuestra cotidianidad.

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Los organilleros en nuestro país surgieron en el siglo XIX cuando los inmigrantes alemanes trajeron los organillos a México, convirtiéndose con el tiempo en un icono cultural de la ciudad. Durante la época del Porfiriato los organillos se rentaban para que personas tocaran en plazas o serenatas dando origen a los organilleros quienes convirtieron esta actividad en un oficio urbano.

Pronto el “Cielito lindo” y la “Adelita” fueron las melodías que recorrieron las plazas públicas y se extendieron a los centros históricos de otros estados de la república, la mayoría se acompañaba de un pequeño mono domesticado que atraía la atención de los transeúntes y estiraba la mano para pedir dinero, Con las leyes de protección animal, se prohibió el uso de monos reales, por esa razón los organilleros optaron por sentar en sus cajas musicales monitos de peluche para mantener la tradición.

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El paisaje sonoro se define como el entorno acústico de un determinado espacio o lugar. Es la combinación de todos los sonidos que se perciben en un ambiente específico, ya sea natural, urbano o artificial. Cada paisaje sonoro tiene una identidad y un carácter único, que lo distingue de otros entornos. Esto se debe a la combinación particular de sonidos que lo conforman.

En el caso del centro histórico de Pachuca, la banda sonora se conforma de las melodías de los organilleros, del tic tac de los semáforos que indican el paso peatonal y que también ayudan a las personas con discapacidad visual a identificar que pueden cruzar una calle de forma segura, si caminamos un poco más al centro, llegamos a Plaza Independencia donde el sonido principal nos lo dan las campanadas del Reloj Monumental y si ponemos atención podemos escuchar los murmullos de las personas que transitan por el lugar.

Ojalá podamos detenernos a escuchar y disfrutar de esa banda sonora y recordemos que esos instrumentos, esas melodías, esas campanadas también forman parte de la historia de un país, de una ciudad, de una comunidad y que además nos da identidad, ayudemos a conservar esos oficios que han sobrevivido por generaciones y esos sonidos que se resisten a morir a pesar del tiempo.

Son más de “Cien años de historia” y sí como dice la canción…”Y si vivo cien años
Cien años, pienso en ti.”

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