Lo que tienes que saber

  • Una de ellas es Avándaro, miles de jóvenes bajo la lluvia, cabello largo, pantalones acampanados, guitarras eléctricas y una generación que, en medio de un México marcado por Tlatelolco y el Halconazo, encontró en el rock una forma de respirar libertad.
  • El 11 y 12 de septiembre de 1971, lo que originalmente sería una carrera de autos terminó convertido en el festival más importante de la historia del rock mexicano.
  • Hoy, más de medio siglo después, las guitarras siguen sonando y aquellas bandas dejaron de ser simples nombres en un cartel para convertirse en parte de la memoria cultural de México.

Hay fotografías que parecen tener sonido. Una de ellas es Avándaro, miles de jóvenes bajo la lluvia, cabello largo, pantalones acampanados, guitarras eléctricas y una generación que, en medio de un México marcado por Tlatelolco y el Halconazo, encontró en el rock una forma de respirar libertad.

El 11 y 12 de septiembre de 1971, lo que originalmente sería una carrera de autos terminó convertido en el festival más importante de la historia del rock mexicano. La UNAM estima que alrededor de 300 mil jóvenes llegaron a Valle de Bravo.

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Sobre aquel escenario estuvieron Los Dug Dug’s, Peace & Love, El Ritual, Tinta Blanca, Three Souls in My Mind, Tequila, La División del Norte, El Epílogo, Bandido, Los Yaki, El Amor, entre otros. No eran todavía las grandes instituciones musicales que hoy reconocemos; eran bandas que sobrevivían tocando en los llamados hoyos fonky, espacios pequeños donde el rock mexicano encontró refugio.

Y aquí aparece la comparación inevitable con Woodstock. En 1969, Estados Unidos había reunido a cerca de 500 mil personas alrededor de Jimi Hendrix, Janis Joplin, Santana, Creedence Clearwater Revival y otras figuras gigantescas.

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Pero Avándaro tuvo algo que Woodstock no necesitaba demostrar, México también tenía una juventud capaz de construir su propio lenguaje musical y cultural.

Después vino la factura. La cobertura de los excesos, las drogas, los desnudos y las expresiones consideradas subversivas provocó una reacción política y social que terminó restringiendo durante años los conciertos de rock.

Paradójicamente, aquella prohibición ayudó a forjar una identidad. Three Souls in My Mind, con Alex Lora, terminó convirtiéndose en El Tri y en uno de los pilares del rock urbano. La propia UNAM considera que Avándaro contribuyó a consolidar ese movimiento y que sus repercusiones alcanzaron posteriormente al Rock en tu Idioma, semillero de bandas como Caifanes.

Avándaro no fue solamente música. Fue una fotografía de una generación que quería vivir diferente.

Hoy, más de medio siglo después, las guitarras siguen sonando y aquellas bandas dejaron de ser simples nombres en un cartel para convertirse en parte de la memoria cultural de México.

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Avándaro no fue nuestro Woodstock. Fue algo más nuestro, el momento en que el rock mexicano dejó de pedir permiso para existir.

Un comentario en «Avándaro, nuestro propio lenguaje musical y cultural»

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