Lo que tienes que saber
- , lanzado para el Nintendo Entertainment System en 1985, no solo salvó a una industria que apenas comenzaba a recuperarse de una de las peores crisis de su historia, también enseñó a toda una generación cómo se jugaba un videojuego, sin tutoriales, sin explicaciones y sin decir una sola palabra.
- La historia nunca fue el elemento más importante, rescatar a la Princesa Peach del malvado Bowser servía únicamente como punto de partida para un viaje que terminaba siendo mucho más grande gracias a la imaginación del jugador, porque la verdadera magia estaba en recorrer el Reino Champiñón, descubrir atajos, encontrar zonas secretas y sentir esa satisfacción incomparable cuando por fin lográbamos superar un mundo que durante días parecía imposible.
- Con el paso del tiempo llegaron mundos más grandes, historias más complejas y gráficos que en 1985 habrían parecido imposibles, pero pocas obras han envejecido con la dignidad de Super Mario Bros, porque detrás de sus gráficos de ocho bits existe una lección que continúa vigente, un gran videojuego no necesita cientos de mecánicas para convertirse en un clásico, necesita comprender perfectamente aquello que quiere hacer y ejecutarlo casi a la perfección.
Hay videojuegos que destacan por sus gráficos, otros por su historia y algunos más por revolucionar la tecnología de su época, pero muy pocos pueden presumir haber cambiado para siempre la manera en la que las personas entendían un videojuego. Super Mario Bros., lanzado para el Nintendo Entertainment System en 1985, no solo salvó a una industria que apenas comenzaba a recuperarse de una de las peores crisis de su historia, también enseñó a toda una generación cómo se jugaba un videojuego, sin tutoriales, sin explicaciones y sin decir una sola palabra.
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Puede parecer extraño visto desde nuestros días, acostumbrados a juegos que detienen la acción para explicarnos cada movimiento, cada botón y cada mecánica durante varios minutos, sin embargo, Super Mario Bros. confiaba completamente en el jugador. Desde el primer segundo nos colocaba frente a un escenario aparentemente sencillo, una plataforma, un bloque suspendido en el aire y un pequeño enemigo caminando hacia nosotros, todo estaba cuidadosamente diseñado para que aprendiéramos por nosotros mismos que podíamos correr, saltar, esquivar obstáculos y descubrir secretos escondidos dentro de los bloques.

Ese primer nivel, el legendario 1-1, probablemente sea uno de los mejores ejemplos de diseño de videojuegos que existen. Cada enemigo, cada plataforma y cada tubería aparecen en el momento exacto para enseñar una nueva mecánica de forma natural, permitiendo que el jugador entendiera las reglas del mundo mientras avanzaba, convirtiendo el aprendizaje en parte de la diversión y demostrando que un buen diseño siempre puede comunicar más que cualquier cuadro de texto.
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La historia nunca fue el elemento más importante, rescatar a la Princesa Peach del malvado Bowser servía únicamente como punto de partida para un viaje que terminaba siendo mucho más grande gracias a la imaginación del jugador, porque la verdadera magia estaba en recorrer el Reino Champiñón, descubrir atajos, encontrar zonas secretas y sentir esa satisfacción incomparable cuando por fin lográbamos superar un mundo que durante días parecía imposible.

La música, compuesta por Koji Kondo, merece un lugar aparte dentro de la historia de los videojuegos. Pocas melodías han conseguido permanecer durante cuatro décadas en la memoria colectiva como el tema principal de Super Mario Bros., una composición alegre, sencilla y llena de energía que todavía hoy es reconocida por personas que incluso nunca han tomado un control entre sus manos, convirtiéndose en uno de los temas musicales más importantes que ha dado esta industria.
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La jugabilidad era tan precisa que bastaban unos cuantos minutos para comprender por qué Mario se convertiría en el rostro de Nintendo durante generaciones. Cada salto respondía exactamente como el jugador esperaba, cada movimiento transmitía una sensación de control absoluto y cada error era responsabilidad nuestra, no del juego, una filosofía de diseño que sigue siendo referencia para cualquier título de plataformas incluso cuarenta años después.

Con el paso del tiempo llegaron mundos más grandes, historias más complejas y gráficos que en 1985 habrían parecido imposibles, pero pocas obras han envejecido con la dignidad de Super Mario Bros, porque detrás de sus gráficos de ocho bits existe una lección que continúa vigente, un gran videojuego no necesita cientos de mecánicas para convertirse en un clásico, necesita comprender perfectamente aquello que quiere hacer y ejecutarlo casi a la perfección.
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Quizá por eso seguimos regresando a él una y otra vez, no únicamente por nostalgia, sino porque cada partida nos recuerda el momento en que descubrimos que un simple control podía abrir la puerta a mundos completamente nuevos, cuando saltar sobre un Goomba era suficiente para despertar una afición que nos acompañaría durante toda la vida.
Porque algunos videojuegos marcaron una generación pero Super Mario Bros creó generaciones enteras de jugadores.
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